El aumento en la demanda de televisores con pantalla plana podría tener un gran impacto sobre el cambio climático, ya que uno de los gases que se utiliza para su fabricación es 17.000 veces más potente que el dióxido de carbono.
Los fabricantes utilizan un gas de efecto invernadero llamado trifluoruro de nitrógeno para fabricar pantallas planas. Como estos televisores son cada vez más populares, la producción anual de gas alcanza ya las 4.000 toneladas.
Como contribuidor del cambio climático, el trifluoruro de nitrógeno es 17.000 veces más potente que el dióxido de carbono, aunque nadie sabe todavía en qué cantidad está siendo emitido a la atmósfera por la industria, explica Michael Prather, director del instituto medioambiental de la Universidad de California.
Los estudios de Prather revelan que la producción de gas, que se queda en la atmósfera durante 550 años, podría doblarse el próximo año. A diferencia de otros gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, el SF6 y los PFCs, sus emisiones no tienen ninguna restricción en el Protocolo de Kioto o en otros acuerdos similares.
Empresas como Toshiba Matsushita Display Technology han empezado ya a evitar el uso de este gas, pero Air Products, que lo produce para la industria electrónica, asegura que se emite muy poco trifluoruro de nitrógeno a la atmósfera.
La compañía japonesa espera comercializar un disco duro de 3,5 pulgadas y 5TB de capacidad en 2010. Para ello utilizará cabezales de escritura que aprovechen una tecnología conocida como CPP-GMR.
La CPP-GMR (Current Perpendicular-to-the-Plane Giant Magneto-Resistive Heads) es una tecnología que reduce los cabezales hasta el rango de los 30-50 nanometros, un tamaño 2.000 veces menor que el grosor del cabello humano. Los nuevos cabezales CPP-GMR de Hitachi permiten que los discos duros pasen de una grabación con una capacidad de densidad de 500 gigabits por pulgada (Gb/in2), a una de un terabyte por pulgada (Tb/in2), lo que supone cuadriplicar la capacidad de las áreas de densidad de los discos.
Según Yoshihiro Shiroishi, de Hitachi, “antes del 2010, dos discos de este tipo serán suficientes para proporcionar la misma capacidad de almacenamiento que el cerebro humano”.
Entre finales de junio y principios de agosto del año pasado se deshizo una cantidad de hielo equivalente a la pérdida registrada en los últimos quince años
La disminución de la placa de hielo en el Ártico se está acelerando debido al cambio climático, de tal forma que el pasado verano se redujo del orden de 18 kilómetros diarios, lo que lleva a los científicos a estimar que antes de una década el Ártico podría estar libre de hielo durante el verano. Así lo ha asegurado hoy Carlos Duarte, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en la presentación del libro Impactos del calentamiento global sobre los ecosistemas polares, publicado por la Fundación BBVA y que recoge aportaciones de destacados científicos extranjeros y españoles.
Duarte, editor de la obra, ha subrayado que lo que ocurrió el pasado verano en el Ártico fue “algo inesperado”, ya que entre finales de junio y principios de agosto se deshizo una cantidad de hielo equivalente a la pérdida registrada en los últimos quince años. Además, el deshielo del último año equivale a lo que se pronosticaba para finales de este siglo.
Según esta investigación, el océano glaciar Ártico se calienta a un ritmo de 0,4 grados por década, dos veces más rápido que el resto del planeta.
Los científicos esperan que este verano el deshielo sea tan rápido, al menos, como el año pasado, entre otras causas porque la temperatura en mayo pasado fue entre dos y tres grados más alta de lo habitual. A esto se suma que el hielo que se forma ahora en las zonas que presentaban una gran capa del mismo es mucho más frágil y tiene un grosor de menos de un metro frente a los entre dos y tres metros que tenía el que se deshizo.
Si los científicos calculaban que para el año 2040 podría verse el Ártico sin hielo en verano, esas previsiones se han tenido que actualizar y ahora el pronóstico sitúa ese hecho entre el 2015 y el 2020, aunque, según Duarte, “no podemos descartar tener que volver a revisar esas previsiones”.
En la Antártida, la placa de hielo se está perdiendo a un ritmo de 152 kilómetros cúbicos al año, lo que equivale a una disminución de hielo de 8.000 kilómetros cuadrados en la Península Antártida durante los últimos 50 años y a un aumento global anual del nivel del océano de aproximadamente 0,4 milímetros. A este respecto, Duarte ha señalado que el caudal de los ríos que llegan al mar ha aumentado un 40%. Pérdida de biodiversidad
Los trabajos de la investigadora del CSIC Susana Agustí, que se recogen en el libro, demuestran que la biomasa y la producción de plancton antártico podrían disminuir hasta diez veces por el aumento de la radiación ultravioleta. En el Ártico, la rápida pérdida de hielo aumentará el impacto de esa radiación y generará cambios que podrían propagarse con un efecto dominó por toda la cadena alimentaria.
Las investigaciones del científico del British Antarctic Survey Jaume Forcada apuntan a que la pérdida acelerada de hielo afecta al éxito reproductor y a la supervivencia de algunas especies como el oso polar o las focas, que dependen de las plataformas de hielo para perpetuarse.
El impacto del calentamiento global en la megafauna antártica no es tan aparente como en el Ártico, aunque se detectan cambios en la de la Península Antártica, donde se reduce la supervivencia del pingüino emperador, según Forcada.
Conflictos geopolíticos
Para Paul Wassmann, investigador de la Universidad de Tromso, en Noruega, la pérdida de la cubierta de hielo del Ártico está llevando a una “fiebre del oro” entre los países ribereños, que se disputan los stocks pesqueros, depósitos de gas, petróleo y metales preciosos, y nuevas rutas de navegación que están quedando expeditas.
En este sentido, Duarte ha subrayado que la preocupación de la comunidad científica no es sólo por la pérdida de biodiversidad, sino también porque “vamos a ver conflictos de orden geopolítico que se van a extender de un polo a otro”.